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viernes, 24 de octubre de 2008

Del blog de Pablo Gómez (para evidenciar la hipocresía prianista, como siempre...)

¿Qué pedía esa gente?

Pablo Gómez

La gente que estaba ayer frente al Senado no pedía nada sólo para ella misma. Pedía una prohibición a Pemex para no volver a intentar la firma de contratos de servicios múltiples en los que se le asigna a una sola empresa contratista –casi siempre trasnacional— un área completa para llevar a cabo la exploración y la producción petroleras.


Tenían razón esos manifestantes. El desprecio con que los vieron los medios de comunicación y los políticos oficialistas y paraoficialistas es el mismo con el que ven a los pobres, a los indígenas, a los homosexuales, etcétera, es decir, a los diferentes de ellos mismos, a casi todos los demás.

Los proyectos que se aprobaron en el Senado no autorizan contratos para áreas completas de territorio o de mar, pero se ha querido, desde hace años, que se prohíban expresamente. El gobierno de Calderón, derrotado en su proyecto privatizador, no ha aceptado tal prohibición directa, textual, aunque tampoco logró que se incorporara al proyecto una autorización.

Así las cosas, los dictámenes debían ser aprobados debido a que son una expresión legal de la derrota del proyecto de privatización parcial de la industria petrolera mexicana, pero siempre sería mejor que se incluyera la prohibición expresa de los contratos por bloques. La mayoría del PAN y PRI votó en contra de tal prohibición pero no logró su autorización.

No es menor el debate, como algunos dicen sin el menor conocimiento de la realidad de Pemex. La empresa estatal del petróleo ha sido desmantelada como industria, es incapaz de realizar directamente la mayoría de los trabajos de exploración y producción de crudo, no surte con suficiencia las gasolinas que el país consume, ha reducido la producción petroquímica en más de la mitad. Este desastre es consecuencia de las políticas neoliberales de concesiones a corporaciones privadas, extranjeras y nacionales. Es el producto del predominio de intereses privados en el gobierno y de la corrupción que agobia a Pemex y a todo el país.

Quienes se manifestaron ayer pedían que se incluyera una frase en la Ley de Petróleos Mexicanos, pero Calderón, con la ayuda del PRI, se negó rotundamente. El fracaso del proyecto gubernamental era ya demasiado para que todavía se aceptara una prohibición expresa de lo que no se encuentra permitido.

En el PRD no hay discrepancia alguna en torno a la necesidad de prohibir con absoluta claridad los contratos por áreas o bloques. Es más, lo que se busca es que Pemex se aleje del contratismo que le ahoga y se haga cargo directamente de la industria petrolera, tal como lo manda la Constitución.

Si Calderón se atreve a licitar contratos sobre áreas enteras susceptibles de explotación petrolera se va a encontrar con una resistencia popular. Eso es lo que tenemos a la vista en este momento, pues tales licitaciones no serían legales y mucho menos constitucionales. La legislación define que toda asignación de áreas petroleras sólo puede otorgarse a Pemex pero no se autoriza a éste la subrogación.

(Una razón más para apoyar a la izquierda libre en el 2008.)

sábado, 27 de septiembre de 2008

No siempre escribe Calderón Alzati cosas que puedan publicar en el Sendero Espurio... =P

Enrique Calderón Alzati

Conformidad y desconfianza
(http://www.jornada.unam.mx/2008/09/27/index.php?section=opinion&article=023a2pol)

Luego de una corta ausencia fuera del país, regreso para encontrarme con el incremento brutal de la violencia en diversos estados y la retórica del Presidente sobre la importancia de estar unidos (en torno a él) y de apoyar sus medidas, a reserva de ser tachado como antipatriota en caso contrario.

Un par de días después me entero por las noticias que el señor está en Nueva York, dando discursos y entrevistas para promocionar sus planes de enajenación del patrimonio nacional, sin el menor pudor ante las protestas crecientes de amplios sectores de la sociedad que muestran así su inconformidad con esos posibles actos, sabiendo que se trata, como en todas las privatizaciones anteriores, de nuevos engaños perpetrados para el beneficio de intereses extranjeros y de algunos cuantos privilegiados locales, cercanos siempre al círculo del poder.

Los reportes de analistas políticos bien informados indican que el Presidente parece estar molesto ante la falta de apoyo y de comprensión por parte de los grupos políticos y de la sociedad en general. La carta de Denise Dresser al Presidente, publicada en la revista Proceso, le da una respuesta contundente, indicando las razones por las que no recibirá esos apoyos. A esas razones yo quiero agregar una que ella omitió: el encubrimiento, que es complicidad, con el ex presidente y su familia para dejar impunes los delitos que cometieron. No se puede pedir apoyo para luchar en contra de la delincuencia cuando se es parte consciente de la delincuencia misma.

La pregunta es ahora cómo se va a resolver todo esto, dado que además de la corrupción que impera en los círculos del poder, se agrega la incompetencia del equipo de gobierno. ¿Se trata de una incompetencia real, o es sólo una coartada para terminar imponiendo un régimen autoritario como única solución posible a la escalada delictiva? Varias parecen ser ya las señales que indican un proceso orientado en tal dirección, además del hecho, ya mencionado por varios articulistas, de que el único beneficiario de la actual ola de violencia es el mismo grupo que gobierna, que de otra manera se deteriora políticamente día a día.

Uno de los aspectos que más me impactaron a mi regreso al país es el ambiente de miedo y de inseguridad que de manera consciente o inconsciente han logrado imponer los medios de comunicación entre amplios sectores de la población, no sólo en la ciudad de México sino en otras regiones del país.

El lunes mismo, mientras circulaba en mi auto por la ciudad de México, escuché en alguna de las radiodifusoras comerciales un mensaje en el que se daban algunos consejos a los automovilistas para evitar ser secuestrados, recomendando circular por la parte central del arroyo, sin acercarse a las banquetas, para evitar un asalto. Otra recomendación más era detener el auto en los altos, separado unos 20 metros del que le precede, para poder maniobrar en caso de ser necesario. Después de dos minutos de aquello, era fácil reconocer la factibilidad plena de ser secuestrado en las dos cuadras siguientes.

¿Cuál es el propósito de todo esto? ¿Tendrá algo que ver con el simple desvío de la atención pública centrada en el proceso de privatización de la producción de energéticos y derivados del petróleo, o se trata de algo aún más siniestro? Quizás lo estemos viendo en unos días o semanas más. Resulta de veras lamentable no tener confianza alguna en el gobierno ni en el Presidente, pero ellos se lo han ganado.

Existen, sin embargo, otras posibilidades, como por ejemplo que los grupos del poder real, constituido por los grandes empresarios y los intereses de las corporaciones internacionales, decidan retirar del poder al Presidente, ante su visible incapacidad para enfrentar el problema, impulsando a los militares a imponer el orden. El resultado no sería muy diferente al señalado anteriormente.

En las condiciones actuales la sociedad mexicana en su conjunto, por más desilusionada y harta de la situación en la que nos encontramos, no está en condiciones de exigir ni de restablecer el orden por ella misma, está desorganizada y dividida para hacer algo más que manifestaciones. En los estados modernos son los partidos políticos los actores que pueden convocar y resolver los problemas.

En nuestro caso, esto es también incierto. Descartar al PAN es inmediato: ellos son los que han llevado al poder a los últimos dos gobiernos, y en ambos casos han parecido satisfechos de sus logros sin reparar en los desastres causados. El PRD tampoco tiene mucho que ofrecer, ante sus permanentes pleitos y rivalidades internas y la escasa visión y voluntad política de sus líderes actuales.

El caso del PRI es más complejo, pues en él se conjugan los intereses más turbios con algunas de las posiciones más avanzadas y comprometidas con el país. Su dirigente actual es una mujer valiosa e inteligente y las estructuras del partido parecen estar recuperándose en algunas regiones; sin embargo, la participación en algunas de sus posiciones clave de individuos tan delincuentes como los que más y el gran lastre histórico que llevan a cuestas y que incluye los orígenes de la debacle en que vivimos, hacen difícil pensar por ahora que ese partido pudiese liderar el cambio que necesitamos.

Todo ello nos lleva a pensar en que lo mejor que nos puede pasar es seguir como vamos, sin mayores expectativas de mejorar, y esperar que los niveles de descomposición no crezcan mucho, aunque es necesario admitir que esto es muy triste.